Enemigos Invisibles

Ni su madre ni su abuela recuerdan cuando empezó a comerse las uñas, no se ponen de acuerdo si fue antes o después de chuparse el dedo, en lo que si se ponen de acuerdo, es que dejó de balbucear y al instante habló hasta por los codos, tampoco se deciden en afirmar con quien.
Apenas y empezó a ir a la escuela descubrieron que ya leía, alumna prodigio decía su maestra, milagrosa decía su abuela.... ya no alarmaba a nadie con sus peroratas.... Está estudiando! Excusaba su madre.
En esta familia de féminas, la empatía era plato de diario, y Julietta nunca fue señalada, mas bien adorada. Su abuela, empecinada en tener beata en casa, aseguraba que su nieta alcanzaría la santidad muy joven... si ella la vio casi volando.
Llegó la señal esperada, puntualmente se repetía cada 28 días, Julietta no podía con los dolores, encerrada en el baño se retorcía..... cuando salía, las marcas de su cuerpo fueron denominados estigmas por el cura del barrio.... A ella los ojos parecían salírsele cada vez mas, pero de lo que ocurría dentro del baño jamás emitió palabra....Con la señal cambió. Enmudeció. De aquella niña parlanchina solo quedó un par de ojos que crecían y crecían y crecían.
En sus estudios su fama de prodigio jamás mermó, por el contrario, libro que tomaba libro que soltaba al instante con su contenido grabado en su mente, su técnica de estudio nunca cesó, ni con la señal anunciada. Hasta sus estudios medios, gozó de los favores del profesorado.
En esa casa de mujeres, desde su concepción no entraba hombre alguno, su abuela no quería morir sin conocer un nieto, por lo que su madre hábilmente negoció su unión con Benito, noble nieto del ilustre Don Germán, protector del barrio, y habitante de “La Encantada”, donde vivirían Benito y Julietta una vez bendecidos por la sagrada Eucaristía.
Un año después, muere Doña Jacinta, tras asegurarse que Rosalba balbuceaba tanto o más que su madre. Lo que Doña Jacinta no supo, fue que "los estigmas" de Julietta eran cada vez más grandes y dolorosos..... Benito estaba convencido de la santidad de su mujer, él también la vio levitar.
La aparición de la señal en Rosalba , coincidió con la Orden de Julietta, por ningún motivo quería volver a ver un espejo en “La Encantada”, ni en las habitaciones, ni en el comedor, ni en los pasillos, mucho menos en su baño, la platería que Doña Jacinta heredó de su bisabuela, fue encerrada bajo llave. Nada que reflejara su rostro debía atravesarse en su camino. Benito sabía que su misión en la vida, era facilitar el ascenso de su mujer, y sus ordenes eran ejecutadas al pie de la letra.
Las estancias en su baño eran más y más prolongadas, las marcas de su cuerpo eran ya una sola.
Antes de dormir, ese día, pidió a Benito un féretro de madera, no quería nada metálico en él, lo hizo jurar que arrancaríale sus ojos antes de meterla dentro.... por piedad Benito! No quiero ver el camino!
Benito conservó los ojos de su mujer, aunque para ello necesitó un frasco de mermelada para cada uno.
Rosalba tras la muerte de su madre, ordenó reinstalar todos los espejos en “La Encantada”.... y empezó a levitar.
.